En las verjas, los rojos del orín del
hierro luchan por salir a la superficie, empujan a los naranjas del minio de
plomo, a las pinturas viejas que muestran los distintos tonos habidos a lo
largo del tiempo. Completan la obra los blancos de cal aportados por las
paredes, los hilos urdidos por las arañas, la mugre del tiempo…
Los líquenes pueden dibujar, sobre muros y
baldosines, paisajes con todos los verdes, encargándose los musgos de poner
volumen a sus trabajos.
Son alguno ejemplos de ese inmediato museo
de lo mínimo que todos tenemos alrededor. Quizás sea necesario el tiempo de la
vejez para pasearse por este museo. Las urgencias de la juventud necesitan de
espacios más amplios, mirando al horizonte, para tratar de entender el mundo.
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