domingo, 26 de septiembre de 2021

Los días se acortan

 

 




 

n esta tierra de aficionados a las apoteosis de ruido y fuego se podría pensar que el horror de Cumbre Vieja es la traca final a este tiempo de desastres. Pero no, ese vómito del mundo que está sepultando la historia y el trabajo de los hombres de La Palma  no es el final de nada, es algo consuetudinario, consustancial a la naturaleza de esta bola a medio enfriar y achatada por los polos, este rincón del infinito donde vivimos, como podemos, los humanos. Algunos en tierras de volcanes.

A los cotidianos pesares de nuestros días se ha sumado la retrasmisión en directo de las imágenes del volcán lanzando su fuego entre desgarrados ronquidos cósmicos. Las lenguas de lava descienden, y sus negros frentes de alma ígnea sepultan la obra de las gentes. Llanto y dolor. Dentro de dos mil años, si la humanidad perdura, seguirá teniendo curiosidad, y esto podrán ser ruinas arqueológicas.

Mientras, los días se acortan. Las plantas responden con ocres y rojos. Como siempre ha sido. El verano se va disolviendo en la luz gris de los cielos de otoño. Las estaciones se suceden. El mundo sigue. Mientras, una parte de la juventud se subleva ante el virus. Siempre es bueno que la juventud se subleve ante lo establecido y traten de hacer su mundo, al menos de teñirlo algo. No sabemos si es posible sublevarse ante el virus abrazándolo. Pienso en otras revoluciones necesarias que siempre quedaron a medias, pendientes de los que vengan. Veremos en qué queda esto.

La realidad es el gris de los cielos. He puesto leña en el porche a la espera del invierno. Me entretengo con una preciosa edición de los Ejercicios Espirituales de D. Ramón María que me ha regalado mi hija. Poco más puede hacer ya uno.