lunes, 28 de marzo de 2016

Viejos al sol de marzo












Pardos de pana y pardos
de vegetal silencio,
con la paz de las manos en el curvo
sopor de la garrota,
estáis al borde del camino
sentados,
          sin espera
ni desesperación.
Estáis
          como álamos
                    al borde
sencillamente.
                    Estáis.
                                         Manuel Fernández Calvo



pues sí sí que duda cabe estoy de acuerdo en que la opinión política de nuestros conciudadanos les es suministrada en buena medida por los tertulianos de la televisión esos cuatro personajillos que salvo honrosas y escasas excepciones son toscos obedientes y perfectamente adaptables a la doctrina que dicta el que paga pero yo sigo con mi fe en el vapuleado porquero sabedor de que la verdad será la de Agamenón y nada más que la de Agamenón y tú viejo comunistón quién nos iba a decir que tu racionalismo se haría arrullo de avemarías y padrenuestros y que después de tantos años de anticlericalismos y laicismos jacobinos tendríamos que oír esa tu repetitiva salmodia ay amigos no no yo nunca he renunciado a todo lo aprendido de niño de los que me enseñaron a utilizar mi pobre razón a enjuiciar y tratar de discernir pues de ellos aprendí también estos asideros a los que agarrarse cuando no se trata de organizar el día a día sino cuando se trata de encarar la enfermedad la muerte la soledad la noche el desamparo y esos miedos para los que nada vale la razón ni el coraje nunca me habréis oído hablar de creencias  trascendentes que no sé si tengo  y no sé si me preocupan aunque sí sé que no he recibido revelaciones divinas y sí sé que he recibido la tradición de ancestros a los que estos mantras han servido desde los orígenes para enfrentarse a lo incomprensible sí sí ya sé la fe la fe pero supongo que los rosarios las cantinelas repetitivas y las ruedas de oración sirven para los miedos atávicos al margen de más o menos fe sirven para meter en surco al alma y que no se desparrame en el horror parece que sirven que han servido para esquivar esa realidad que no somos capaces de entender con las recetas de andar por casa que nos dio el viejo de las barbas blancas alguno de esos humanos de barbas blancas que han dibujado nuestros cerebros basta basta amigos de asuntos sin respuesta estamos un año más en primavera y como cada vez nos quedan menos disfrutemos de esta y tú viejo ateo rezador ten cuidado y no pises esa langosta que acaba de salir de entre la maleza en que ha pasado el invierno mira mira como desentumece los músculos esos músculos que se tienden y distienden entre las cavidades quitinosas para mover toda la armónica potencia de los miembros mecánicos de las mandíbulas amenazantes y de las alas que ocultan los élitros pronto sacará fuerzas de las yemas prometedoras que ya se abren pero oíd se acaba el silencio de los trinos pajariles y llegan niños que llenan el mundo de risas y gritos el mundo en que se cumple la profecía de Fidel nada menos que la profecía de Fidel y Obama va a Cuba no es uno más Obama no es uno más y hasta los Rolins van a Cuba y Occidente siente a través de Isis el mordisco de una venganza antigua son las luchas de una humanidad estancada en la que solo avanzan algunas técnicas como esas que quizás nos concedan algún lúcido y alegre año de propina quién sabe y con un golpe de sus bielas el insecto se lanza en fabuloso salto durante el que abre sus alas y se pierde en la copa de un pino piñonero en tanto amigos con este solecillo de finales de marzo podemos ir dejándonos caer hacia la taberna y tomarnos alguno de los chatos que nos queden sin dejar de discutir claro está de asuntos con posible respuesta y en lo demás que cada uno se las arregle como pueda o dios le dé a entender y si en algo podemos ayudar pues ayudamos



sábado, 5 de marzo de 2016

La silla del aviador

















Si ascendemos hacia el norte por la calle de Manuel Pardo, en la Colonia de Torrelodones, iremos dejando a la izquierda el muro de cerramiento de la linde este de la finca Villa Rosita; un recinto con una fuerte capacidad de evocar historias - más o menos reales - en el imaginario popular de nuestros días. Por la que fue hermosa casa de verano y recreo de una pareja de española y alemán (1) campa hoy el abandono, la desidia municipal, y el colorido desorden de ese fenómeno social de nuestros días que es la ocupación.

La Colonia tiene historia corta. Hasta hace no muchos años fue sitio de veraneantes;  sitio con poco pueblo y poco paisanaje que crease poso. Pero como a algo hay que agarrarse, los foráneos aquí llegados ponemos el oído a todo cuanto pueda tener algún matiz de memoria popular.

Por cierto, esta calle por la que ascendemos está dedicada al propietario de los terrenos sobre los que se constituyó la Colonia Agrícola La Victoria y la posterior Colonia Vergara, inicios del actual núcleo urbano distribuido entre los municipios de Torrelodones y el vecino Galapagar. La memoria de este señor está, por tanto, en la inscripción registral primera de las casas más viejas del lugar.

Dejo el análisis sociológico del origen y desarrollo de la Colonia de Torrelodones a algún especialista en la disciplina. Miel sobre hojuelas sería si este profesional, además, tuviese alguno de los apellidos - entre los nativos - que el primogénito del Dr. Mingo Alsina relaciona en un relato que tiene publicado sobre la historia de su padre; curiosa simplificación del “quién era quién” en la Colonia de los años cuarenta del siglo pasado. Más de uno pensará que, en ese sociólogo, estoy señalando a algún querido amigo. Lo mismo.

Los foráneos tenemos nuestras limitaciones al respecto. No hemos pasado aquí nuestra infancia, y solo la infancia conforma nuestro yo. De adultos, todos hacemos currículo y currículum, nos dedicamos a crear una imagen que usamos para ganarnos la vida, entretenernos o satisfacer el ego; pero, a nada que se escarbe, solo somos aquello que se fijó y definió en nuestra infancia. Y esa íntima realidad conformadora es imágenes, colores, sonidos, olores, personas, casa, pueblo, país, idioma…, todo eso hacia lo que nos retrotraemos cuando nos buscamos, cuando pretendemos saber o expresar quiénes somos. Uniendo el pensamiento de Pessoa y Rilke podríamos decir que la patria del hombre es su infancia y es su idioma. Pero, aunque nunca podremos dejar de ser foráneos, tenemos curiosidad sobre el lugar donde vivimos, y ponemos el oído esperanzador a todo posible eco de lo popular y auténtico.

Estábamos subiendo por la calle Manuel Pardo, dejando a nuestra izquierda la mampostería serrana del cerramiento de Villa Rosita. Por encima del muro, entre los restos vegetales de un incendio no lejano en el tiempo, atisbamos la ruina pintarrajeada. Hacia la mitad de la linde y cercano a ella, sobre una peña, vemos - retorcida herrumbre - el insólito otero de la “silla del aviador”.

He escuchado la historia de un avión alemán caído, y también la de una “chata” derribada en Villa Rosita durante la brutal batalla de Brunete. Ambas versiones coinciden en que el propietario de la finca, a su regreso tras la guerra, dio al asiento del piloto uso de misericordia en su particular mirador de atardeceres en la cinta azul del Guadarrama. Buen “pensatorio” donde reflexionar sobre tan recientes horrores.


Hoy he querido suponer que esa desconocida “chata” fue un Chato, uno de aquellos Polikarpov I-15, biplanos de piel de tela, que la Unión Soviética vendió al estado español para que se defendiese de los aviones que la Alemania nazi y la Italia fascista suministraban a los sublevados. Aquellos aviones de la República pilotados, en tantos casos, por jóvenes de humilde condición formados a la carrera en San Javier. A ellos mi pequeño homenaje.



(1) El controvertido simpatizante de la rebelión franquista Félix Schlayer y la española Rosa Albagés.