sábado, 14 de diciembre de 2013

Esta niebla que se extiende por mi cerebro







Si pudiese escribiría pero la niebla se extiende por mi cerebro y me inutiliza creando cortocircuitos que confunden mi memoria y alteran las respuestas de mi cuerpo y me desorientan esta niebla que se retira a ratos para hacerme consciente de mi situación y que regresa pronto para no dejarme escribir ni leer ni pensar y está la angustia esta angustia que no me suelta que tengo aferrada a la garganta desde el momento que me metieron aquí y me sentaron en este expositor con los distintos modelos de agonía y demencia y abandono con este olor este olor este olor los vi marcharse en un momento en que la niebla solo me dejaba preguntar por qué por qué por qué crucé la puerta arrastrando la náusea en imposible escape y en un árbol cercano vomité todo menos este olor este olor sentí una mano en mi espalda y alguien que me decía nuevo eh lo peor es el olor sí yo pensé que no podría soportarlo y ya ves llevo aquí más de un año te acostumbras lo que no se puede es pensar aquí no se puede pensar hay que aprender a no pensar este no es sitio para pensar ni esperar nada no es sitio para esperar sí si pudiese escribiría sí escribiría me cuidaban en mi casa aquellas personas humildes me cuidaban en mi casa entre mis libros mis papeles mis cuadros mis fotos mis tonterías de viejo senil que cruel anticipo de la muerte quizás sea ya la muerte esta prisa esta profesionalización esta manipulación de ruinas desgajadas de su mundo y algo de bondad de vez en cuando como en todas partes algo de bondad pero hay cosas que solo se soportan endureciendo el alma y con un rictus de amabilidad para el viejoniño  el imbécil el niñoimbécil quizás  si pudiese escribiría si la niebla me dejase escribiría aunque a veces me parece que deseo la niebla la niebla y no recordar y no saber y no preguntarme y no esperar dejar que la niebla me inunde no resistirme no hay resistencia posible a este horror 



sábado, 7 de diciembre de 2013

¿Quién llora a Nelson Mandela?







No, no le corresponde a usted llorar la muerte de Nelson Mandela; no es usted la persona indicada; ni usted ni nadie de los suyos. No es que yo piense que sus lágrimas sean de cocodrilo, no, estoy seguro de que el llanto de usted es sincero, más o menos sincero. Así de grande ha sido lo conseguido por Mandela: usted y los suyos han incorporado a su forma de pensar algo de las doctrinas del negro de pelo blanco. Gran victoria del negro de pelo blanco. No ha sido este un convencimiento dialéctico, ninguno lo es con ustedes, ha sido una pequeña gran batalla ganada en la eterna y desigual lucha contra ustedes. A ustedes hay que arrancárselo todo, ustedes no dan nada; y ante ustedes hay que mantenerse siempre vigilantes para no perder lo conseguido. No, no son ustedes, ni los de cuna ni los de opción, las personas indicadas para llorar a Nelson Mandela.