Dicen, los que saben y lo estudian, que eso que llamamos
vida .es un fenómeno originado en el planeta tierra, hace algunos millones de
años, por la química del carbono en circunstancias favorables. No somos
conocedores, por el momento, de fenómeno similar en algún otro planeta. Los
elementales organismos originarios fueron evolucionando hasta los actuales
animales superiores y los mamíferos, que podemos suponer encabezan esta
evolución. La continuidad de esta vida, animal y vegetal, se basa en comerse
unos a otros sistemáticamente, lo que indudablemente pone una nota de
dramatismo a la vida.
En este proceso
evolutivo se produjo, en determinado momento, un enorme salto con la aparición
en África de determinados primates con un inusitado desarrollo cerebral. Nos
dicen, los que de eso saben, que esto se produjo hace unos 300.000 años, aunque
nos cambian la cifra de continuo pues los sabios siguen aprendiendo. De
entonces para acá esa mezcla de primates bípedos, de los que a menudo nos dan
noticia de algún nuevo abuelo, se han extendido por toda la superficie
habitable del planeta, y hoy son unos 8000.000.000 de nada, a pesar de la
sistemática dedicación en matarse unos a otros a través de los tiempos, y las
avanzadas técnicas actuales dedicadas a esas labores.
El enorme salto evolutivo de la especie que conocemos
como Homo sapiens se caracteriza, a mi modo de ver, por la aparición de capacidades
para la abstracción, la bondad y la maldad, impensables en el resto de los
animales. Estas capacidades han dado lugar a la fascinante obra humana que
llena el mundo, las bibliotecas y los museos, y a todas las atrocidades que
guarda la historia y que siempre han sido sistemáticamente justificadas por religiones
o ideologías.
La condición de viejo jubilado aumenta considerablemente
el tiempo disponible para observar a nuestros congéneres, lo que no lleva, necesariamente,
a un mayor aprecio de la naturaleza de los sapiens, ni a un menor aprecio de la
bondad cuando se encuentra, que no es muy a menudo.
Lo que llamamos
arte, en sus distintas manifestaciones, me sigue pareciendo la más apreciable
expresión humana. Abrir un libro -no todos, hay que tomar precauciones- nos
reconcilia con lo humano; leer el periódico o escuchar las noticias, suele
rebajar a mínimos el aprecio por nuestra especie. Tendremos que procurar
continuar con el envejecimiento procurando asomarnos solo al lado correcto.

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