domingo, 28 de junio de 2026

sapiens

 


 





Dicen, los que saben y lo estudian, que eso que llamamos vida .es un fenómeno originado en el planeta tierra, hace algunos millones de años, por la química del carbono en circunstancias favorables. No somos conocedores, por el momento, de fenómeno similar en algún otro planeta. Los elementales organismos originarios fueron evolucionando hasta los actuales animales superiores y los mamíferos, que podemos suponer encabezan esta evolución. La continuidad de esta vida, animal y vegetal, se basa en comerse unos a otros sistemáticamente, lo que indudablemente pone una nota de dramatismo a la vida.

 En este proceso evolutivo se produjo, en determinado momento, un enorme salto con la aparición en África de determinados primates con un inusitado desarrollo cerebral. Nos dicen, los que de eso saben, que esto se produjo hace unos 300.000 años, aunque nos cambian la cifra de continuo pues los sabios siguen aprendiendo. De entonces para acá esa mezcla de primates bípedos, de los que a menudo nos dan noticia de algún nuevo abuelo, se han extendido por toda la superficie habitable del planeta, y hoy son unos 8000.000.000 de nada, a pesar de la sistemática dedicación en matarse unos a otros a través de los tiempos, y las avanzadas técnicas actuales dedicadas a esas labores.

El enorme salto evolutivo de la especie que conocemos como Homo sapiens se caracteriza, a mi modo de ver, por la aparición de capacidades para la abstracción, la bondad y la maldad, impensables en el resto de los animales. Estas capacidades han dado lugar a la fascinante obra humana que llena el mundo, las bibliotecas y los museos, y a todas las atrocidades que guarda la historia y que siempre han sido sistemáticamente justificadas por religiones o ideologías.

La condición de viejo jubilado aumenta considerablemente el tiempo disponible para observar a nuestros congéneres, lo que no lleva, necesariamente, a un mayor aprecio de la naturaleza de los sapiens, ni a un menor aprecio de la bondad cuando se encuentra, que no es muy a menudo.

 Lo que llamamos arte, en sus distintas manifestaciones, me sigue pareciendo la más apreciable expresión humana. Abrir un libro -no todos, hay que tomar precauciones- nos reconcilia con lo humano; leer el periódico o escuchar las noticias, suele rebajar a mínimos el aprecio por nuestra especie. Tendremos que procurar continuar con el envejecimiento procurando asomarnos solo al lado correcto.






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