Hace setenta años, estaba servidor en primero del
bachillerato de entonces, un profesor nos hablaba del tremendo peligro de la
utilización de una energía que no se sabía controlar: la energía atómica de
fisión. Aquel profesor nos apuntaba la esperanza en la fusión, por no producir
residuos radioactivos. El asunto era encontrar un contenedor capaz de tamaña
producción energética.
Nuestra generación ha sido testigo, durante todos estos
años, del despropósito humano de utilizar este sistema de producción energética
no dominado, tirando al mar residuos radioactivos o enterrándolos,
condicionando la posibilidad de vida futura en este planeta. Hemos sabido de accidentes
como los de Chernóbil o Fukushima, que son solo ejemplos de los conocidos y de
los muchos sin conocer.
Eso podía ser el fin del mundo.
Como tremendo ejemplo, con tintes folclóricos, podemos
recordar la fuga radiactiva en la Junta de Energía Nuclear de la Ciudad
Universitaria de Madrid en 1970, cuando Franco y Carrero necesitaban la bomba
atómica para su arriba España. Los españolitos se enteraron del asunto, a
medias, cuando los portugueses protestaron por la radioactividad que les
llegaba por el Tajo, pero aquí seguían y siguieron comiéndose las contaminadas
lechugas de las vegas, por ejemplo la del triste Jarama que describió Ferlosio.
En todo este tiempo el arma nuclear ha sido, y sigue
siendo, fundamental argumento de negociación política. Hiroshima y Nagasaki son
miniaturas de eso con lo que hoy se amenaza.
Pues nos quedaba otro fin del mundo. Desde hace muchos
años los científicos vienen advirtiendo de los efectos en el clima por la
emisión de gases de efecto invernadero. El dióxido de carbono producido en la
quema de combustibles fósiles ha acelerado el proceso en los últimos años de
forma muy alarmante. Parece que este “fin del mundo” es mucho más rápido que el
de las fugas radiactivas de los bidones del fondo del mar.
Y ahora nos llega otro. La IA, fuera del control humano,
puede terminar con nuestra especie a corto plazo, dicen los que con ella ganan
cantidades fabulosas de dinero. ¿Qué han visto? Pero este fin ya me la salto,
me voy a tomar un chato con tapa incluida. Uno ya tiene sus limitaciones.
