Benavente
es una ciudad en la que, a lo largo de la historia, ha tenido particular incidencia la destrucción de patrimonio cultural, tan generalizada en toda España.
Si analizamos las razones de este hecho llegaremos a clasificaciones de todo
tipo, pero todas ellas han ido apareciendo a lo largo del tiempo y en distintas
combinaciones, para hacer de esta ciudad un lamentable ejemplo de destrucción
patrimonial.
Ciñéndonos
tan solo a la Edad Contemporánea, podemos comenzar esta historia con un hito
singular acaecido en el año 1808, cuando nuestros “aliados,” los soldados
ingleses de Moore, en su huida hacia Galicia perseguidos por Napoleón, saquean
el fastuoso castillo-palacio de los Pimentel. Cuadros representativos de toda la historia de
la pintura, tallas doradas de muebles, retablos, artesonados, tapices, colgaduras,
esculturas y obras de arte de todo tipo, alimentan las hogueras con que la
soldadesca se calienta en los salones de refinadas yeserías y arrimaderos de azulejería
morisca y renacentista. Toda la riqueza artística acumulada durante siglos por
el poder y el dinero de los condes de Benavente, es destruida por un ejército
incontrolado. Pocos días después, en enero de 1809, los franceses perseguidores
prenden fuego al palacio, que arde durante quince días. Napoleón sale hacia
Astorga el día siete de enero; deja atrás una Benavente saqueada, y el
magnífico convento de San Francisco también en llamas.
La
crueldad, el saqueo y la destrucción que causa este ejército de bárbaros, crean
un sentimiento nacional que ha condicionado las relaciones con el país vecino
hasta nuestros días. En sus hogueras quemaron también la esperanza de los
mejores españoles. Uno de estos retrató magistralmente el horror de la
injusticia y el desengaño en los brazos inmensamente abiertos de aquel pobre madrileño, fusilado
a la luz de un farol.
La
destrucción de este castillo-palacio no es una más en la historia de Benavente.
Es un hecho que condiciona el futuro de la ciudad. El día en que la condesa Mª
Josefa Pimentel recoge lo que puede rescatar entre las ruinas quemadas, y
marcha con ello a su palacio de la Alameda de Osuna, ha terminado el vínculo
entre la ciudad y los Condes.
Sigue
esta triste historia de ruinas con las bienintencionadas y fracasadas medidas
desamortizadoras de los liberales. Las comunidades religiosas tienen que
abandonar los conventos de Santo Domingo y San Jerónimo, que han sido
desamortizados. El abandono condena a la ruina a estos edificios.
Ya en
el siglo XX, en 1904, el infatigable maestro Don Manuel Gómez Moreno, a lomo de
mula, recorre la provincia de Zamora realizando su Catálogo Monumental, que no
será publicado hasta 1927. Su relación de monumentos catalogados en Benavente es
la que sigue:
-
Castillo y cerca
-
Convento de Santa
Clara
-
Convento Sancti-Spiritus
-
Hospital de la Piedad
-
San Andrés
-
San Juan del Mercado
-
San Nicolás
-
Santa María del Azoque
-
Santa María de la
Renueva
-
La Soledad (ermita)
-
Jardín de los condes
De esta relación quedan en pie a
día de hoy:
-
Hospital de la Piedad
-
San Juan del Mercado
-
Santa María del Azoque
-
La Soledad
Don
Manuel pudo aún pasear por los restos del castillo, localizando trozos de
yeserías y cerámicas. Durante el primer tercio del siglo las ruinas van
mermando por su utilización por los vecinos como cantera, la venta de elementos
arquitectónicos, los saqueos y las demoliciones. Al final solo queda en pie la
Torre del Caracol, que se incorpora a un parador de turismo inaugurado en 1972. (Es de reseñar el despropósito de la incorporación a esta torre del artesonado mudéjar del cercano convento franciscano de San Román del Valle, primer panteón de los Pimentel)
Tenemos
que tener en cuenta que la catalogación de D. Manuel responde a unos criterios
de antigüedad que hoy habría que ampliar, y por ende crecería la lista de lo
destruido. En el año de esta visita está en construcción la casa de Soledad
González, y hace poco que se han terminado edificios como la Casa Donci (1900),
la Casa del Cervato (1881), o la Casa de la Encomienda (1894), que agobia los
ábsides de San Juan.
Un
año después de esta catalogación, en 1905, tiene lugar el incendio de la Rúa,
en las inmediaciones de la iglesia de San Nicolás.
Los
años de la dictadura son de particular agresividad para el patrimonio y el
urbanismo de Benavente. La piqueta de la especulación o el abandono terminan
con:
-
Sancti Spiritus
-
San Andrés
-
Santa Clara
-
San Nicolás
-
San Bernardo
-
Santa María de Renueva
Pero
no es solo la destrucción de estos monumentos, la especulativa sustitución
urbanística de este periodo cambia radicalmente el aspecto de la ciudad, que
pierde carácter de forma irreparable. Las formas arquitectónicas tradicionales
son sustituidas por volúmenes desmedidos, sin el menor respeto por los colores
y las texturas que han dado unidad al conjunto.
El
periodo democrático no comienza con mejor pie. Andando el tiempo las normativas
urbanísticas se hacen más conservacionistas, intentando detener el desastre del
anterior periodo, a lo que un sector de la promoción inmobiliaria responde perfeccionando
métodos para obviar la norma, llegándose a casos esperpénticos. Surge también
un nuevo y desgraciado fenómeno, como es la aparición de una arquitectura
blandita, simplona y ñoña, que responde a esquemas falsos de lo tradicional apuntados
en los planes de ordenación. También hay buenas soluciones, naturalmente, pero no son las más abundantes.
En
las épocas de bonanza económica se ha destruido por un desmedido afán de beneficio;
y en la recesión el abandono provoca la ruina. Solo si los ciudadanos quieren
se conservará la ciudad, deteniendo su avance hacia lo despersonalizado y
suburbial.
Panteón de los Pimentel. Quemado por la francesada y terminado de derruir en los años 80 del siglo XX.
Escudo descoronado en la Casa de la Encomienda,
como símbolo de la incidencia de la política
en la conservación del patrimonio.
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Plaza mayor de Benavente.


